Y el arco de seguridad va y pita justo cuando paso yo. Un guardia de seguridad se vuelve, me mira, dirige sus pasos hacia mi casi apresuradamente... Y yo voy notando cómo ascienden unos calores que me recorren entera y llegan hasta el último pelo de mi cabeza.
- "Pase otra vez señorita" - me sugiere. Con mucha educación, eso sí.
Y el aparatito vuelve a emitir ese sonido acusador.
Cuatro o cinco clientes me observan expectantes, pensando: los bienpensantes "uf! menos mal que no me ha pitado a mi!". Los malpensantes: "uy, qué se estará llevando"
Trato de disculparme ante el hombre de marrón (que empieza a caerme bien), tartamudeando, alegando que no me llevo nada, con cara de circunstancia, con una elevación de hombros instintiva y una apertura de ambas manos más instintiva y espontánea aún. Porque en esos momentos (quien lo probó, lo sabe) os aseguro que no se razona. Únicamente deseas salir por la puerta y alejarte de allí cuanto antes, dejando que la estela de bochorno se diluya en el aire y en el tiempo...
¡Y eso que no había "sustraído" nada! Aunque para los malpensantes seguro que quedará la duda.

Es posible que llevases las llaves de tu corazón en el bolsillo izquierdo, aunque siempre expreses a "corazón abierto", cuando salimos a la jungla, un llavero mágico e invisible nos protege de la multitud..
Sortilegios y m. me alegra verte por aquí. Una cosa es que resistas un naufragio, y otra que te estés ahogando y no hagas nada... LDA ¿ha muerto para siempre?
Un beso.
Lucia
Es verdad lo que describes tan magnificamente en este texto. Yo tambien he querido que me tragase la tierra cuando alguna vez "me han pitado al pasar por un arco".
Besitos dulces.