Y el arco de seguridad va y pita justo cuando paso yo. Un guardia de seguridad se vuelve, me mira, dirige sus pasos hacia mi casi apresuradamente... Y yo voy notando cómo ascienden unos calores que me recorren entera y llegan hasta el último pelo de mi cabeza.

- "Pase otra vez señorita" - me sugiere. Con mucha educación, eso sí.

Y el aparatito vuelve a emitir ese sonido acusador.

Cuatro o cinco clientes me observan expectantes, pensando: los bienpensantes "uf! menos mal que no me ha pitado a mi!". Los malpensantes: "uy, qué se estará llevando"

Trato de disculparme ante el hombre de marrón (que empieza a caerme bien), tartamudeando, alegando que no me llevo nada, con cara de circunstancia, con una elevación de hombros instintiva y una apertura de ambas manos más instintiva y espontánea aún. Porque en esos momentos (quien lo probó, lo sabe) os aseguro que no se razona. Únicamente deseas salir por la puerta y alejarte de allí cuanto antes, dejando que la estela de bochorno se diluya en el aire y en el tiempo...

¡Y eso que no había "sustraído" nada! Aunque para los malpensantes seguro que quedará la duda.