El Sol habla para sí por vigesimoséptima vez de su tristeza.
"No soy yo el que se mueve, por mucho que digan que soy el Astro Rey. Aquí, sujeto para la eternidad. No se dan cuenta de que podrían prescindir de mi, que no les soy realmente necesario. Se adaptarían. Las plantas serían capaces de hacer su fotosíntesis a través de alguna fórmula química de luz y calor...
Si yo me fundiera en el universo en partículas minúsculas ni se darían cuenta. Me echarían de menos unos años y a otra cosa.
Es la Tierra quien me busca. Lo único que puedo hacer es dejarme encontrar, día tras día, estación tras estación" - Y así lamento tras lamento.
En este momento de reflexión advierte la presencia de un niño que ha alzado la mirada y le observa. Lo señala con el dedo. El rostro del niño se colorea, se impregna de la esencia del Sol. Y el Sol esboza una gran sonrisa. Ahora lanza rayos de alegría.
Ha dejado de ser un Sol encadenado a un viernes sin primavera.



dawn dijo
es verdad, quiza no lo sepamos, pero siempre es posible que seamos un sol, un rayo de esperanza para alguien.....
un tema muy original, me gustó.
un beso
29 Marzo 2008 | 10:31 PM